Imprescindibles

 

Como los superhéroes. Sin ellos no habría paz en nuestra cocina.

A nadie se le ocurre feir un huevo sin sartén, o lavar unos platos sin agua. Pues no nos equivoquemos, hay unos cuantos imprescindibles que son ignorados sistemáticamente en la mayoría de las cocinas.

No, no es lujo asiático disponer de ellos, es sentido común. Si queremos empezar a poner un poco de orden en nuestra cocina, lo primero que debemos hacer es abrir los cajones y ver cuánto hueco queda libre en ellos. Si es mucho, mala cosa. ¡Para algo nos hemos gastado una pasta en llenar la cocina de esos cajones de diseño!

Y no me vale con llenarlos de trapos, que para ello hay otros armarios en casa. ¡Trapos fuera!. El cajón es para utensilios.Y no. ¡No se nos ocurra llenarlos de espumaderas, cucharones y cucharas de madera!

Para empezar, los cucharones, como queden mal colocados, seguro que en algún momento nos bloquean el cajón y tenemos que realizar una verdadera obra de ingeniería para poder desbloquearlo.

Aún me acuerdo de la tía de mi chico que tuvo un cajón de la cocina bloqueado unos cuantos años. Cada vez que llegaba un invitado nuevo a su casa y oía la anécdota del cajón, iba cual Stallone, a intentar desbloquearlo, como si aquel que fuera capaz de hacerlo ganaría un altar en esa casa.

Pero no, no intentéis ir, ya se ha solucionado.Alguien inventó unos aparatitos muy chulos y de variados diseños con unos ganchos en los que poder colgar las espumaderas. ¡Habrá que darle de comer a los inventores! Así que: cucharones fuera!!!!

En cuanto a las cucharas de madera. Para mí forman parte de los imprescindibles, aunque lo tengo que decir bien bajo, que ahora están prohibidos en la hostelería, por eso de que en sus poros los microbios se hacen unas fiestas que ni la Semana Grande de San Sebastián.

Pues ahora nos toca hacer de “grises”, y vamos a hacérselo más complicado. Saquemos entonces las cucharas de madera de los cajones y dejemos que tomen un poco el aire, que con el frío uno se recoge más y deja las fiestas para otro momento. No se lo pongamos fácil .Ah, eso sí, de vez en cuando habrá que poner una pota con agua hirviendo y pasarlos por el balneario.Bueno. Ahora que ya tenemos espacio en los cajones, es hora de empezar a ver cuáles son nuestros imprescindibles.

 

Los cuchillos

Cuando llego a una casa, normalmente en verano, en alquiler, y me pongo a buscar mis herramientas de cocina, me desespero.

cuchillos

Lo primero que busco y que nunca encuentro, son cuchillos que corten en condiciones. ¿A quién se le ocurre alquilar un apartamento para el verano y no poner entre los enseres un par de cuchillos que corten? ¿Quién es el superhéroe capaz de pelar las patatas con el cuchillo de la cubertería del Ikea?

Ni para huevos con patatas fritas tengo herramientas.

Así que ya va el primero: cuchillo pelador. Y no me vale el pelapatatas, salvo que sean fabricadas en serie y no tengan cráteres. Que con el pelapatatas hay que atacarlos cual fuera una segadora. Nada, cuchillito pelador.

Son muy buenos los que venden en los mercadillos, los del mango de madera-color madera. Los de toda la vida. Tengo uno en casa que compré en Padrón hace 14 años y creo que no se ha afilado nunca. Eso sí, cuando lo lavéis, que no sea en el lavavajillas y secarlo al momento, que se oxida.

Y, acompañando a éste, un cuchillo en condiciones para picar cebolla. Siguiendo con los huevos, ¿y si queremos hacer con ellos una tortilla de patatas con cebolla? Sí, hay gente a la que le gusta. Y mi chico la borda.Nada, que en el apartamento de verano, con vistas al mar y con un sol de justicia, me tengo que poner a pelar las patatas con el cuchillo de la cubertería de Ikea y a cortar la cebolla a mano, porque cualquiera le mete el cuchillo con sierra. Para ponerme a llorar como una loca y perderme la playa por tener los ojos como tomates.

Venga, que no es muy caro, un cuchillito de unas dimensiones razonables para poder hacer un picadito de verduras.

Eso sí, lo del taco de cuchillos…mejor lo dejamos para las pelis de Hitchcock.

La batidora

Un segundo imprescidible en toda cocina es la batidora.

Pero la batidora, no nos engañemos, no es sólo esa hélice que gira sobre sí misma. Tiene más aparatos.

¿Alguna vez os habéis fijado en esa especie de bola con barillas? Sí, esa se usa, y más de lo que nos podamos imaginar. Volviendo a las tortillas. Menudo sacrilegio echarles levadura para que queden más esponjosas. Nada. Cogemos la batidora de barillas y le damos unos cuantos minutos a los huevos. Y si no nos llega el nivel de esponjosidad, batimos primero las claras y después le vamos incorporando todo lo demás.batidora

Y en verano, en ese apartamento alquilado con vistas a la playa- creo que ya me están entrando ganas de irme de vacaciones- que bien sienta un salmorejo. Y sí, podemos recurrir a la receta del Thermomix. El Thermomix, ese gran invento. Y simplemente sustituímos el monstruo ese que nos ocupa media encimera pero que nos regalaron diciendo que le íbamos a sacar partido y aún no sabemos como, por una batidora. Así de sencillo.

Y no, no penséis que soy una enemiga del Thermomix, al contrario. Soy una gran admiradora, pero no soy Thermoadicta. Entiendo sus virtudes y sus desventajas.

Yo misma la tengo recogida en el almacén. Me diréis, así no la usas. Sí, sí que la uso, pero como digo, en su justa medida.

Lo que no aconsejo es que aquel al que le acaben de regalar la Thermomix, la guarde directamente en el almacén. No, un par de añitos en la encimera para recordarnos que existe no está mal.

Después, cuando ya tengamos el hábito cogido, la podemos retirar de la vista. Pero hasta ese momento, tener el recuerdo constante de, aquí estoy, utilízame,.. no está mal.

Llegará un momento en que no os salgan las bechameles igual, o un arroz caldoso no será lo mismo con la Thermomix que sin ella. Pero hasta ese momento, ahí está. Como un azulejo más de la cocina.

¿Imprescindible la Thermomix? Creo que de momento no alcanza tal categoría. Pero la batidora, sí.

Las especias, ese gran desconocido

Sí señores. En el mercado hay más especias que la canela, la pimienta negra y el orégano.

Y no, el colorante alimenticio no tiene categoría de especia, por lo menos en mi cajón.

Cuando llego a una casa y me pongo a cocinar. Diréis, qué cosa tiene esta, que cocina en casa ajena. Pues sí, cocino en otras casas, que a veces me invitan a comer en casas ajenas con la condición de que yo haga la comida.

minia9Aún ahora estoy pensando en la ventaja que tiene ello. Sí, sí que la tiene. Que no limpio, que puedo conocer otras formas de cocinar y, sobre todo, que no pago yo.

Eso sí, si alguien deja de invitarme a su casa con la excusa de que no cocina como yo, que no se preocupe, me adapto a todo… menos al ajo y al atún. Y mi comida favorita es la pizza.

Sólo hubo una casa en la que al final me arrepentí de haber dicho que sí que hacía la cena. Tenía una cocina más grande que mi piso de 40 metros cuadrados. Cuando acabé de hacer la cena, ya me quería ir para cama. Acabé derrengada. Creo que hice más kilómetros aquel día que Indurain en la vuelta a España.

La siguiente vez que cocine en esa casa, llevaré los patines.

Bueno, a lo que iba. Las especias.

Pues sí, hay muchas más en el mercado: salvia, romero, tomillo, cilantro, cardamomo, nuez moscada, chile,…

Yo soy de las que usa por lo menos tres en casi cada comida. Si tengo dudas de cual usar, olfateo los botes hasta que el olor me casa con la comida que pretendo cocinar. Eso sí, cuidado con la mano, que a veces se nos escapa. Poquito a poco, que después no reconocemos lo que estamos comiendo, y pensamos que es cordero cuando realmente lo que estamos metiendo en la boca es salmón.

En cuanto al colorante. ¡Yuyu! Es preferible no echar nada a la comida que echar unos polvos que lo único que dan es color.

Que sí, que ya sé que la comida entra por los ojos. Pero hay veces que hay que tener la mente abierta y aventurarnos a nuevas vistas.Y si no, nuestro oro culinario: azafrán.

Un consejo. Para que se coloree más la comida podemos calentar un poquito el azafrán antes de usarlo y “voilà”, magia. Ya veréis que colorcillo coge.

El escurridor

Así de sencillo.

¿A quién no le ha pasado que, al escurrir los espaguetis sin colador, se le han colado por el

Colador

fregadero, quemado, resbalado la tapa o haya odiado al que se le ocurrió la brillante idea de hacer espaguetis precisamente el día del alisado de peluquería?.

Ala, ahí va todo el curro de la peluquera por el fregadero, junto con una docena de espaguetis y otra de euros.

Un colador no es tan caro y nos saca de algún apuro.

Además, es una buena solución para poder quitarle bien la grasa a unas verduritas fritas… sí, para la tortilla, en este caso paisana, o para limpiar un pescado y dejarlo lo más seco posible. De esta manera nos evitamos esos salpicones en la cocina cuando hagamos los rapantes.

¡Y que no se os ocurra decir en la pescadería que le quiten la cola y las aletas! Otro sacrilegio de la cocina. ¡Lo más rico de los rapantes! En casa le llamamos “patatas fritas de pescado” Y mis hijos se relamen cada vez que los hay.

Que no, que no es un rollo pasar por la harina el pescado. ¿Que no hay manera de despegar la harina después del plato? Pues no hay problema, sustituimos el plato por un papel de aluminio, y ya está. Cuando acabamos lo enrollamos y lo tiramos todo a la basura.

¿Y que es eso de guardar la harina sobrante para futuras ocasiones? Si os enseño la foto de unos anisakis con los que me encontré un día en una merluza se os quitan las ganas de guardar la harina y dejar que campen a sus anchas por el cajón o donde quiera que la guardéis. Por cierto, ¿sabíais que cuando más anisakis hay es en los meses calientes?.

Pensándolo bien, casi la voy a poner, para que veáis que no me lo invento. anisakis

Aquí está:

Ya sé que para matar a los anisakis hay que cocinarlos por encima de los 60 ºC, pero con esta merluza opté por la solución rápida: corté por lo sano. Así que, de una merluza de dos kilos sólo comimos uno, pero tranquilos.

La última recomendación. Siempre que se use el papel de aluminio, acordaos de que el lado brillante es el que debe estar en contacto con los alimentos, no el otro, que es el que tiene aluminio. O por lo menos eso dicen. Y ya tienen mucho trabajo los oncólogos como para que les demos más, ¿no?.

 

 

 

Las “lambeteiras”

Realmente no sé cual es su nombre verdadero, podría buscarlo en internet, que lo que no se encuentra es que no existe. Pero como le llevo llamando así toda mi vida, no me apetece rebautizarlo.

El que quiera, que lo busque.

LambeteirasAl caso. Ya sé que es muy manido eso de “en los tiempos que corren” hay que aprovecharlo todo y evitar tirar comida, pero lo cierto es que es así.

Si se hace una masa para magdalenas, con los restos que van en el bol, tenemos para una magdalena entera. “Y no está el horno pá bollos”. Nunca mejor dicho.

Bueno, a lo que íbamos. El caso es que hay múltiples versiones en el mercado, pero a mí las que más me gustan son las pequeñitas y blanditas. Las que te ayudan a llegar a todo tipo de huecos. Para la Thermomix están genial.

Eso sí, tengo un par de ellas, que si hay que hacer un brazo de gitano hay que usar una para la masa del bizcocho y otra para la crema pastelera.

Sí, ya sé que se pueden limpiar, pero ahí va uno de mis “defectos”, tengo alergia a los productos de limpieza. Y no lo digo por decir, es cierto. Ya sé que suena a excusa para no limpiar los cacharros, pero así es. Hay gente así de rara.

Además, aparte de la función “arrepañadora” que tiene, también se puede utilizar como espátula para extender la comida. Que no, que con los dedos no queda bien, que siempre quedan grumos.

Jabón de acero

Hay jabones de glicerina, de la Toja, y de acero.

Tal cual, acero. Sí, el metal. San sencillo como eso.

Jabon

¿Para que se usa? Para quitar olores. De las manos, claro. No os quiero ver dejando el jabón en la encimera y esperar a que, por arte de magia, se vayan los olores de la cocina después de hacer unos callos. Que, por cierto, un buen truco para ello es poner unas velas, y de paso, el que crea en ello, que le rece una a San Pancracio, que creo que da suerte para encontrar trabajo. Además, debe ser cocinero, que también le gusta el perejil.

Eso sí, no me pongáis una estampita del San Pancracio en la cocina, que a ver si nos vienen todos los santos a la mesa y convertimos la cocina en la Última Cena.

A lo que íbamos, el jabón de acero saca el olor de los ajos y el pescado de las manos.

¡Menuda mariconada! Dirán algunos.

De eso nada. ¡Odio el ajo! Y no es que tenga aires de la Beckham, pero es así.

Hay quien se le da por inundar la carne en ajo. ¡Otro sacrilegio! Si no os gusta la carne, no compréis carne.

Una vez me vi intentando descubrir qué había debajo de una cama de ajos instalada en mi plato. ¡Era carne! Un bistec de esos que quitan el hipo. Pues nada, ahí estaba. Embadurnado en ajo.

Pero ya sé que hay cosas que es inevitable cocinar con ajo. No se me ocurre hacer un ajillo con cebolla, por ejemplo.

Pues para no seguir los siguientes dos días oliéndome los dedos, que basta que sepamos que huelen mal para que estemos todo el día con ellos en la nariz, me los lavo con el jabón de acero.

Simplemente frotándome las manos con él debajo del agua, ya está.

Hombre, ante la ausencia del jabón, me tengo frotado las manos con una cuchara o con un cucharón, como dicen los Cantajuegos en su canción. Pero no nos olvidemos de que llevan níquel, uno de los elementos que más alergia provoca. En el apartado de curiosidades tengo un especial sobre los alimentos que llevan níquel.

Y el truco de poner las manos en remojo sin frotar con agua fría… a mí no me funciona. Serán cuentos de viejas.

Bol

Ya lo he nombrado anteriormente.

No es la prim
era vez que me veo batiendo los huevos de la boltortilla en una olla. Y no hay mejor manera de estropearla que a base de castañazos con el tenedor. Bueno, hay quien dice que quedan más ricas batiéndolas con la cuchara, pero lo he probado y, menos en el bol, me queda huevo por toda la cocina.

Pues eso, señores arrendadores de apartamentos para el verano. Un bol, un pequeño bol, no pido más.

Además, en casos de necesidad también se puede usar como frutero, panera o ensaladera. Aunque las ensalada, mejor quedan en fuentes planas. Si no, que se lo pregunten a mi suegra, que es la reina de las ensaladas.

Algún día os contaré mi guerra con el arroz con leche de mi suegra.

En cuanto al bol, ya sé que hay varios materiales, y la conclusión es que, el mejor, es el de cristal. Aunque hay una pequeña excepción con el cobre, ya contaré.

¿Porqué el cristal?

En primer lugar, el plástico no siempre es bueno, por eso del tipo de plástico que usamos. Y ya dijimos en apartados anteriores que los oncólogos ya están a tope de trabajo.

Además, cuando le queremos pegar un film para guardar, acabamos por utilizar medio rollo ya que no se queda bien pegado en el plástico. Y empezamos a dar vueltas con el film, tal cual los que nos envuelven las maletas en el aeropuerto a 9 euros. Me sale más barato llevarlas yo desde casa.

Así que quedamos en que el plástico, descartado.

En cuanto al metal, mejor no. Para empezar, al batir en un bol de metal, acabamos por rayarlo, y nunca sabemos el material que puede desprender. Pero sobre todo digo que no porque, señores, ¡¡¡no se puede meter metal en el microondas!!!. Que no existe función fuegos artificiales en el microondas. Que eso es que algo no va bien. Así que, mejor no arriesgarnos y utilizar para todo el bol de cristal.

Bueno, todo, todo, no. Quien tenga la suerte de disponer de un bol de cobre, que lo use para montar las claras. De esta forma no tiene la necesidad de usar cremor tártaro. Eso sí, las claras que estén a temperatura ambiente y con un poquito de sal.

Espumadera

Volvamos al Ikea.

¿A quién se le ocurre comprar una espumadera de plástico?

Que no, ¿es que acaso no sabéis que se acaba por derretir en el aceite?

EspumaderaAl final se le acaban tupiendo los agujeros y en vez de espumadera se acaba convirtiendo en cucharón, y ala, ahí van las patatas con todo el aceite de la sartén. ¡Vivan los michelines!

Que por cierto, hay una cosa que se llama depósitos-para-aceite-de-después-de-freir. Que eso de meter la sartén llena de aceite en el horno cual si fuera la alacena es una GUARRADA.

Hay unas espumaderas maravillosas metálicas que tienen huecos tan grandes que con un pis-pas quitamos todo el aceite.

Si es por cuestión de precio, poca diferencia hay con las de plástico, salvo que nos vayamos a las WMF o similares.

No es la primera vez que me veo quitando las patatas fritas con dos tenedores. Y eso es más difícil que hacer encaje de bolillos, el cual ya he probado y no resulta tan complicado como a primera vista pueda parecer.

Queda dicho, una espumadera metálica, y si es de varillas, mejor. Sí, como la de la foto.

Eso sí, para hacer los huevos fritos, como que no, eh? Que en vez de huevos fritos nos quedarían huevos rotos.

Por cierto ¿sabéis cuál es el truco para que no se pegue el huevo en la espumadera? Antes de rescatar el huevo del aceite, hay que calentar la espumadera en el mismo aceite. Y ala, ya está, el huevo no se pega. Me falta la música de violín como Juan Tamariz.

 

Bebidas alcohólicas

No creáis que ahora voy a hacer un blog de bebidas. No. Para eso ya está la Wikipedal.

Lo que pasa es que en la cocina no debe faltar el alcohol, y no me refiero al del quemador de la fondue, precisamente.

Para cocinar hay tres fundamentales: vino- después diré si blanco o tinto, coñac y anis.Alcohol

¿A quien se le ocurre cocinar sin gota de alcohol? Que no pasa nada, que aunque sea para niños se puede hacer la comida con alcohol. Que se lleva a ebullición y se evapora. Eso sí, lo de flambear lo dejamos para los bomberos, que son los que tienen experiencia con el fuego. La última vez que intenté hacerlo se me quemaron todos los pelos de un brazo.

Y realmente, mucho mucho no se aprecia la diferencia entre flambearlo y llevarlo a ebullición.

En cuanto al vino, mejor blanco. Y si es Godello, mejor. Me he declarado públicamente amante del Godello, y si es A Coroa, mejor que mejor.

Y no seamos cutres. Que después hacemos una boloñesa con vino de tetrabrick y sabe a comida para perros.

El vino se disfruta en bebida y en comida. Hombre, tampoco hace falta usar vino de los de botellas a 20 euros, pero uno algo medianito sí que se puede.

¿Y porqué blanco? Porque con el pescado va bien por el sabor. Y porque el vino tinto endurece la carne.

En cuanto al coñac y al anís. El primero fundamental para los asados, eso sí, con unas gotitas de Salsa Perrins ya queda que ni pintao. Y el segundo va genial para algunos postres, eso sí, fritos.

Moldes de silicona

molesSin miedo. No se derriten, aunque la apariencia es frágil y delicada.

Una vez me comentó una persona que no usaba el molde de silicona porque se podía deshacer en el lavavajillas.

¡Alma de cántaro! Un molde, que aguanta casi trescientos grados en el horno y que sale de él mondo y lirondo ¿cómo se va a derretir en el lavavajillas?

Nada, fuera miedos, no hay nada como un molde de silicona.

No hay que echar mantequilla ni harina para que no se nos peguen los alimentos, y lo mejor de todo, no ocupa nada en nuestro cajón. Se pueden guardar plegados- como en la imagen- que recuperan la forma como las tiendas de camping del Decathlon.moldesarrugados

Eso sí, pasados unos añitos, o unos usos, no sé bien cuál es la razón, el molde se empieza a poner un pelín pringoso, con lo que, o lo lavamos con más frecuencia, o nos compramos otro, que hay que darle de comer a los de las tiendas para salir de la crisis.

Para lo único que uso un molde que no sea el de silicona es para el Angel Cake, para todo lo demás…¡silicona!

 

Coladores

ColadoresLo que no puedo entender es cómo una casa es capaz de sobrevivir con sólo un colador. ¡Que en los chinos están a 50 céntimos!

No pasa nada porque sean de plástico, de hecho, debido a mi alergia al níquel, es el que prefiero, pero ya es una cuestión personal.

Lo que no quiero ver, bajo ningún concepto, es intentando colar el agua de la sopa en un colador del tamaño de un vaso de agua. ¡no, señores!

Después claro, nos toca la sopa con tropezones, porque todo no cabe.

Éstos, como los cuchillos, uno grande y uno pequeño. Uno para el zumo y otro para la sopa.

Sí, para el zumo. Ya sé que no se debe colar, pero alguno que otro se me abre a arcadas cuando va la pulpa del zumo, así que nada, a colar. Y lo hace una menda todas las mañanas, hasta completar el litro de zumo diario. Que los chupitos son para los licores.

 

Thermomix

Poco a poco la thermomix se va introduciendo en nuestras cocinas hasta llegar a hacerse imprescindible.

De momento, y ya van 25 años con ella, no he sentido la necesidad como otra gente, de llevarla hasta cuando me voy de vacaciones, pero tengo que admitir que los entiendo.

Para los que no la conocen y, sinceramente, el precio echa para atrás, suelen decir cosas como: no me gusta la cocina, ya tengo muchos aparatos, sé de fulanito que la tiene y no la usa…

Está claro que cada persona es diferente y cada uno sabe de su vida mejor que nadie.

Pero, sin declararme fanática de la Thermomix, tengo que admitir que se ha introducido en mi cocina y tiene su hueco en ella ganado a pulso.

Para los que no la tienen y la van a adquirir, tengo un consejo: durante los dos primeros años, que te moleste en la cocina.

thermomix (1 de 1)

Modelos de Thermomix TM-5 TM-21 y 3300

 

Si la metemos en un armario o si la guardamos detrás de muchas potas, nos dará pereza sacarla y no la usaremos. Sobre todo porque aún no tenemos la costumbre y no está introducida en nuestra forma de cocinar.

Recordemos que la thermomix no es sólo para hacer las recetas que vienen en los múltiples libros que hay, sino que puede servirnos de apoyo para la cocina.

Pues lo dicho, durante los dos primeros años la dejamos en la encimera y nos “obligamos” a incorporarla en nuestra cocina del día a día, o de semana en semana. Llegará un momento en que ya tengamos el reflejo de cogerla para cocinar.

Eso sí, no es un aparato que te mete los ingredientes dentro y que el sólo, por ciencia infusa, cocina. Quien piense que hace eso, ha nacido unos cuantos años antes de tiempo. Llegará, seguro, pero de momento, si queremos cocinar con unos pimientos, tendremos que ser nosotros los que los limpiemos, o quien dice pimientos, dice patatas, o el agua que se agrega a la cocción, etc.

En cuanto a programar, de momento no está preparada para programar, pues la preparación, aunque facilita mucho las cosas, lleva sus pasos y en determinados momentos hay que ir incorporando ingredientes, así que no puede ser programable.

Vale ¿y entonces qué ventaja tenemos con la thermomix? Os preguntaréis.

Yo siempre digo dos cosas: se gana tiempo y dinero.

Desde que tengo la thermomix, no me he vuelto a comprar, por ejemplo, pan rallado. Tampoco me he perdido 20 minutos delante del fuego removiendo la cuchara para hacer una bechamel. ¿Que sale más rica? Lo siento, no tengo el paladar tan afinado.

Sin ir más lejos, esta semana, con las sobras de un pescado, quería hacer unas croquetas. Pero por la tarde tenía que ir a por los niños al cole, ducharlos, ayudar a la mayor a hacer los deberes, preparar la cena y arreglar la casa.

¿Dónde entraban las croquetas allí? Pues para eso sí que es una buena solución. Metí los ingredientes en la thermo y, mientras ella daba las vueltas precisas para hacer una suave masa de croquetas, yo estuve ayudando a mi hija con sus primeras multiplicaciones.

Como podéis ver en la foto, la thermomix lleva en mi casa 25 años, y ya han pasado cuatro modelos (uno de ellos no sale en la foto pues lo tuve sólo quince días). Pero como veis he tenido la 3300, la TM-21, la TM-5 y la TM-31 que no sale en la foto.

Con lo que os puedo decir que tengo criterio a la hora de hablar de ellas y de sus diferencias.

Hay quien las llama minipimer. Y sí que es cierto que la primera, la 3300, podía ser una minipimer con calor. Lo malo de esta es que trituraba los ingredientes, aunque usaras la mínima velocidad. Pero os puedo asegurar que era bien dura (todavía funciona la que tiene mi madre).

La siguiente que salió fue la TM-21. Con ella llevo 15 años y, a dos veces por semana de uso de media, aún está ahí, vivita y coleando. Eso sí, le tuve que cambiar las cuchillas un par de veces. Tampoco le podemos pedir peras al olmo.

En cuanto la TM-31 la tuve de prueba 15 días, pero sinceramente, la nueva, la TM-5, se le parece mucho, así que no noté mucho cambio.

El cambio más importante entre ellas es entre la TM-21 y la TM-5.

Algunos que tengáis la TM-21 os podéis preguntar si vale la pena comprar la nueva. La respuesta es clara, sí. Aparte de ser más ligera (aunque un poquito más voluminosa), es mucho más fácil para limpiar, ya que se pueden meter hasta las cuchillas en el lavavajillas, tiene mayor capacidad y muchas más funciones.

La que marca la diferencia, sobre todo, es la función del revés. Permite que las cuchillas giren en uno u otro sentido, con lo que se deshace mucho menos la comida.

Además, esta tiene una memoria externa, en la que están introducidas todas las recetas del libro que se da por defecto, lo que te evita tener el libro por el medio, salpicándose, manchándose y molestando.

Más fácil imposible.

¿Alguna pega? Pues sí, como en todo. El encendido y apagado es mucho más lento, con lo que si vas a contrareloj te puede enfadar un poco, y la comida se queda algo pegada en el fondo del vaso (más que en la anterior).

Además, habrá que darle tiempo para ver qué pasa con el único botón que tiene, ya que de tanto usar se puede llegar a fastidiar en algún momento.

De todas formas, tengo fe ciega en la thermomix y espero que me dure por muchos años.

 

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